La piel de serpiente y el rastro de Perico
Voy a intentar resumir un poco la historia de Pedro (Perico) Bergoñón Valera, y lo que sabíamos por nuestro padre, que falleció en 2020. No era mucho, aparte de las fotos que conservaba mi padre, una viejas fotos, algunas un poco deterioradas, en blanco y negro o sepia, que mostraban a un niño, luego a un joven delgado pero fuerte, con las constitución propia de la mala alimentación de la época entre la clase trabajadora (una estatura menor de la promedio hoy en día, piernas más bien delgadas, poco corpulento), vestido de futbolista, en solitario, o con el resto del equipo de fútbol, presumiblemente del Santfeliuenc, para luego mostrar otras fotos, con el joven, un poco más mayor pero no mucho, vestido en uniforme de miliciano, posando en una calle del Sant Feliu de Llobregat de aquellos años 30.
También recuerdos de mi padre, que mencionaba que Pedro, con 17 años, se fue a la guerra después de jugar un partido de fútbol, que no pasó por casa y que mandó recado a su madre a través de otros (las fotos en una calle de Sant Feliu, debían ser cuando vino tras un permiso). Mi padre también recordaba que volvió de permiso pocas veces a casa, y que cada vez se veía más triste y desanimado, aún así, seguía siendo muy generoso, y con la paga que podía recibir, compraba cosas a mi padre, con el que se llevaría 6 años de diferencia, más o menos, y su sobrino, 10 años menor (mi padre, 80 años después, aún recordaba cuando en los descansos de jugar al fútbol compartía las “gaseosas” con los menores de la casa).
Mi tío Pedro, porque técnicamente lo era, aunque falleciera casi 30 años antes de nacer yo, se fue a la guerra sin saber leer y escribir, su vida era el fútbol y el trabajo en “el Dot”, que era uno de los criadores de rosas de Sant Feliu. En una de las ocasiones, probablemente la última, que vino de permiso, “ya se veía” particularmente deprimido –siempre según el testimonio de mi padre-, y le regaló a mi padre un “amuleto”, consistente en una piel de serpiente probablemente recogida en el “tros” que tenían cerca de Can Perellada, y que, supongo había alguna creencia popular, que “protegía” de alguna manera al poseedor. Quien sabe por qué motivo, se la regaló a mi padre, la cuestión es que a partir de ahí mi padre ya sólo recordaba que la unidad en que servía era "27 División, 123 Brigada Mixta, 491 Batallón, 3ª Compañía", lo recordaba casi como la tabla de multiplicar!. También recordaba que "lo habían matado en “Gandesa”, en la “batalla del Ebro”, “que lo habían ascendido a teniente” y que a mi abuela le habían hecho llegar una indemnización con varios miles de pesetas republicanas, que hasta hace pocos años aún conservábamos. Al saber esto alguna vez le preguntábamos si tenía detalles de cómo y dónde podían haberlo matado, y él siempre repetía algo del estilo: “unos que se fueron con él, vinieron, acabada la guerra, a explicárnoslo, parece ser que había otros soldados que tenían que hacer algo y no se atrevían y él dijo que lo iba a hacer él”, y éso fue lo que le costó la vida”, también explicaba que fue un obús de mortero lo que lo mató, aunque nunca tuvimos claro si lo había matado en el acto o quedó malherido en tierra de nadie, o qué pasó, pero mi padre, no sé si por lo que le habían explicado en su juventud o por haber visto alguna película bélica decía aquello de que “estaba herido y gritaba ‘madre’”... Quien sabe lo que pasó exactamente!! Pedro murió con 19 años, luego, en nuestra investigación nos enteramos que en noviembre del 38 –pues no sabíamos la fecha de su nacimiento- habría cumplido los 20.
Recordemos que todos estos detalles, detalles explicados por nuestro padre, que era un chaval de 13 años cuando comenzó la guerra y recordados décadas después, no son explicados por Perico, porque por desgracia no vivió para explicarnos nada. Estos detalles son el punto de partida para nuestra investigación de más de quince años y que iremos desgranando en las siguientes páginas.





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