Retrato de una juventud rota: nuestro tío Pedro y el Sant Feliu de julio de 1936

Si echamos la vista atrás y consultamos las páginas del padrón municipal de 1936, hay una fecha que nos detiene en seco: el 1 de noviembre de 1918. Es el día en que nació nuestro tío Pedro. Eso significa que, al llegar el crucial julio de 1936, era un chaval de apenas 17 años; estaba a solo tres meses de cumplir los 18. En la España de la Segunda República, aquella era una edad de fronteras difusas: aunque ya se trabajaba y se militaba con absoluto fervor, la mayoría de edad legal no se alcanzaba hasta los 21 años. Por lo tanto, sobre el papel, Pedro seguía siendo un menor de edad bajo la tutela de sus padres.

Para nosotros, el padrón es una ventana excepcional al pasado, una radiografía íntima que nos permite asomarnos a su cotidianidad. En esas hojas desgastadas no solo leemos el domicilio familiar, sino también los nombres de nuestros abuelos y tíos con los que Pedro compartía el hogar, detallando sus fechas de nacimiento, sus pueblos de origen y, lo que más nos fascina, de qué trabajaban.

Fragmento de la hoja del Padrón Municipal de 1936, ubicado aquí.

Gracias a estos legajos sabemos que Pedro trabajaba en la célebre firma “Simó Dot”, inscrito bajo la categoría de pagès. Sin embargo, este término requería un matiz muy importante en el Sant Feliu de Llobregat de la época. Trabajar para Simó Dot —hijo del gran patriarca de los rosalistas, Pere Dot— no implicaba labrar el campo de forma tradicional para obtener frutas o verduras. Pedro era, con toda probabilidad, un joven aprendiz en el delicado y técnico arte de la floricultura. Su día a día transcurría entre el cuidado, el injerto y la preparación de aquellos campos de rosas que terminaron por dar a Sant Feliu su identidad imperecedera como la Ciutat de les Roses.

Campos o plantaciones de rosas en el año 1929. En la imagen aparece una de las rosas generadas con el trabajo de los Dot y uno de los hermanos de Simó Dot, Marí, hijos del patriarca Pere Dot. Imagen de aquí y más datos sobre Simó Dot, el "jefe" de Pedro, aquí.

Pero la vida de un chaval de 17 años en aquel verano no se limitaba al trabajo. El fútbol ya era la gran pasión popular y Pedro la canalizaba jugando en el Santfeliuenc Futbol Club. Sabemos que en sus botas seguía los pasos y la influencia de su primo mayor, Pere "Perico" Segura, quien había sido una figura de referencia tras haber defendido la camiseta del equipo local desde finales de los años 20 hasta mediados de la década de los 30. Por cuestiones de edad, Pedro no competía en las categorías hiperestructuradas que conocemos hoy (como los equipos cadetes o juveniles actuales), sino que se fogueaba en el equipo "infantil" o en los segundos equipos de aficionados de la época. Allí disputó vibrantes partidos contra escuadras de los pueblos vecinos de la comarca, un tema sobre el que os hablaremos más adelante.

El caldo de cultivo político en casa

El entorno que rodeaba a Pedro estaba atravesado por una intensa corriente política, un reflejo fiel de lo que era la Catalunya obrera de los años 30. En nuestra propia familia, las influencias ideológicas llegaban con fuerza desde varios frentes. Por un lado, su primo Perico Segura estaba afiliado a la CNT. En esa misma órbita anarcosindicalista se movía Juan Peñalver, casado con Antonia (prima de Pedro), quien no era un simple militante, sino uno de los dirigentes locales de la CNT en Sant Feliu. Por otro lado, la vertiente socialista de la familia venía de la mano de Wisliano Márquez, casado con Águeda, una de las hermanas de Pedro. Wisliano, junto al resto de la familia Márquez Sicilia, formaba parte del núcleo fundador de la UGT local.

Con este panorama en las sobremesas, era casi inevitable que Pedro tomara partido. En junio de 1936, exactamente un mes antes del estallido del conflicto, nuestro tío ya figuraba formalmente como afiliado a la UGT local, compartiendo militancia con su padre y con su hermano (ambos llamados Juan). El caldo de cultivo político en el hogar y en el pueblo estaba más que sembrado; la conciencia de clase se transmitía de manera natural en los talleres y en el salón de casa.

Documento de registro de Pedro como militante de la UGT a 5 de Junio de 1936. Consta donde vivía, el teléfono y que en Simó Dot trabajaba como aprendiz. Hallado en 2024, en visita presencial aquí.

En este complejo contexto, el comienzo del verano de 1936 se respiraba en Sant Feliu con una atmósfera densa y fuertemente politizada. Los rumores sobre un inminente "ruido de sables" y un golpe militar eran cada vez más frecuentes y alarmantes en las calles. Lo que pocos sabían fuera de los círculos clandestinos era hasta qué punto los sindicatos locales se estaban preparando para el choque.

Julio de 1936: Sant Feliu en pie de guerra

La tensión oculta de aquellos días previos nos ha llegado con nitidez gracias al testimonio directo que dejó escrito Juan Peñalver. Desde una semana antes del golpe, los cuadros del comité local de la CNT tenían la consigna estricta de no dormir en sus casas, una medida de seguridad que salvó la vida de numerosos compañeros ante las posibles listas negras de los militares. En la más absoluta clandestinidad, los militantes desenterraron las escasas armas de las que disponían: algún cuchillo, algún viejo revólver y pistolas automáticas conseguidas en los bajos fondos barceloneses, concretamente mediante contraseñas y pagos camuflados en la barra del mítico bar La Tranquilidad del Paralelo.

Mientras Pedro y su familia aguardaban los acontecimientos, Peñalver y sus compañeros establecieron una vigilancia de veinticuatro horas sobre el cuartel de la Guardia Civil de Sant Feliu, controlando los movimientos sospechosos de civiles falangistas que acudían a refugiarse o a organizarse junto a las fuerzas del orden.

La madrugada del 19 de julio, la orden de actuar se hizo efectiva. Siguiendo la estrategia diseñada por el Comité de Defensa de Sant Feliu, las fuerzas obreras cercaron el cuartel local de la Guardia Civil. Tras breves minutos de conversación y negociación con el teniente al mando, el cuartel se rindió de manera pacífica, entregando todo su armamento. Al vaciar la armería, los milicianos se incautaron de quince fusiles, cinco pistolas reglamentarias y dos valiosas cajas de granadas de mano; un arsenal que, según supimos después, estaba destinado a abastecer a otras guarniciones sublevadas de la comarca del Baix Llobregat.

De la comarca a la capital revolucionaria

Con el control de Sant Feliu asegurado y las armas en mano de los trabajadores, la movilización no se detuvo. Los locales sindicales se convirtieron en un auténtico hervidero humano. Rápidamente se organizó un grupo de veinticinco hombres escogidos que, tras requisar un camión en el pueblo, partieron rumbo a Barcelona para unirse a los combates decisivos. Su destino fue el Cuartel del Bruc, en el barrio de Pedralbes.

Al llegar a la Diagonal, el contingente de Sant Feliu se unió a los comités de Sants y de la Torrassa, quienes ya rodeaban el edificio y conminaban a los soldados a deponer las armas mediante megáfonos. Tras dos horas de extrema tensión y negociaciones, el cuartel del Bruc se rindió, transformándose de inmediato en el emblemático "Cuartel Bakunin".

El éxito de la respuesta obrera cambió las reglas del juego en apenas 48 horas. Para el 21 de julio, Peñalver fue enviado a Barcelona en representación de la Federación Local de la CNT de Sant Feliu para asistir al histórico Plenario de Federaciones en la Casa Cambó (incautada y convertida en la Casa CNT-FAI). Allí, rodeado de milicianos que aún recordaban las torturas sufridas en la Jefatura de Policía situada justo enfrente, Peñalver fue testigo de los debates fundamentales que marcarían el rumbo de la guerra: la decisión del Baix Llobregat y de figuras como Juan García Oliver de no derrocar inmediatamente el gobierno de Lluís Companys, la gestión del incipiente orden revolucionario y la organización de las primeras milicias y columnas destinadas a marchar hacia Zaragoza.

Aquel verano, la revolución social era un hecho palpable en las calles de nuestro pueblo. Los obreros y los jóvenes transitaban con el fusil al hombro, saboreando por primera vez un poder real sobre sus vidas, mientras los comités de huelga reorganizaban las fábricas. Incluso en los momentos de mayor desborde popular, la madurez de los comités locales de Sant Feliu sirvió de contrapeso frente a los desmanes: el propio Peñalver tuvo que intervenir días después en la vecina localidad de Sant Joan Despí para frenar la destrucción de su iglesia parroquial, convenciendo a los exaltados milicianos de la utilidad pública que podía tener el edificio.

En este nuevo tablero, donde el orden republicano y la revolución obrera se fundían bajo el eco de los tambores de guerra, la juventud de nuestro tío Pedro quedaba truncada para siempre. Con 17 años, rodeado de un padre, un hermano y unos cuñados firmemente integrados en los comités que ahora gobernaban el Baix Llobregat, el joven pagès que aprendía a cuidar las rosas de Simó Dot se encontraba en una encrucijada inevitable. Las armas ya estaban en la calle, el frente de Aragón comenzaba a organizarse, y su destino estaba a punto de ligarse de forma indeleble a los campos de batalla.

¿Cómo afectó este nuevo orden local a la vida cotidiana de Pedro? ¿Qué decisiones tuvo que tomar la familia ante la llamada de las primeras milicias? Lo descubriremos en la próxima entrega.

Milicianos del Baix Llobregat hacia Barcelona. Tomada de aquí.

Notas y Referencias de este Post:

  • Mayoría de edad legal: Consultable en el histórico de la Gaceta de Madrid (BOE), bajo el Artículo 320 del Código Civil histórico de España.

  • Simó Dot e Historia local: Para conocer más sobre la tradición roserista de nuestro pueblo, os recomiendo visitar la Asociación Amics de les Roses de Sant Feliu de Llobregat.

  • Santfeliuenc FC: Datos extraídos de la sección histórica del club y de las crónicas de la época de la Hemeroteca digital de El Mundo Deportivo (1930-1936).

  • Contexto Histórico y Testimonios: Basado en los archivos del Centre d'Estudis Comarcals del Baix Llobregat y en las memorias editadas sobre el papel de la CNT y Juan Peñalver en julio de 1936.


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