Capítulo 22: El regreso a casa y las rosas

Mi padre nos escribía que estaba ya cansado de tanto campo y que se había apuntado para volver a España. Mi cuñado estaba trabajando y estaba haciendo los trámites para reunir a mi hermana y a mis sobrinos. Así que mi madre y yo hicimos el pensamiento, y también nos apuntamos para marcharnos a España.

Mi hermana, como mi cuñado le enviaba dinero y yo tenía poca ropa para el viaje, una tarde ella y yo nos fuimos a Ceilhès y me compró unos pantalones y un cinturón francés y algo más. Como lo de nuestra marcha hacia España era ya un hecho, mi madre se preparaba para el regreso. Como sabíamos que un vendedor ambulante venía de cuando en cuando, mi madre le compró arpillera y todo lo necesario para hacerse un bolso para el viaje, adornado con flores hechas de ganchillo. Un par de rosas rojas de ganchillo bastante grandes.
En esas rosas escondió unos billetes, el dinero de la República que ya no servía, como moneda en España. Era dinero que mi hermano, por ser combatiente, no había podido cobrar. Tal como lo recibimos hizo el viaje con nosotros hasta Francia y volvió con nosotros camuflado debajo de las rosas. Quedaban muy bien, pero nosotros quedamos con temor de que lo descubrieran en la frontera. Pero no lo vieron, o no lo quisieron ver, porque se necesitaba ser corto de vista para no verlo. ¡El bulto lo delataba!.
Billete de la segunda República Española. Interesante saber lo que pasó con este dinero, una vez acabada la guerra.
Llegó el día de mi marcha con mi madre. Íbamos acompañados por mi hermana y mis sobrinos y también por una multitud de gente del refugio, hasta la estación. ¡Qué triste y alegre despedida!. Nos acompañaron un par de gendarmes hasta la frontera de Hendaya. Uno de ellos era el que apreciaba mis dibujos. Les quería hacer un regalo y les di un billete de la República Española de 50 ptas. sin estrenar. Llegamos a Hendaya. Allí terminó el pisar tierra francesa. Habíamos salido de España un 23 de Enero de 1939 y volvíamos a entrar en Marzo de 1940.

El viaje en Francia hasta la frontera fue en un tren de pasajeros muy cómodo. El de España, una vez nos hubieron revisado todo lo que llevábamos, era un vagón de ganado lleno de otras personas que algunas hacían sus necesidades allí mismo al ser un viaje tan largo. ¡Peor que el ganado!. Llegamos a Barcelona, nos condujeron a los comedores de la Seguridad Social y, al día siguiente, nos proporcionaron el billete de tren hasta Sant Feliu de Llobregat. Y aquí terminó mi historia de exiliado.

Notas de la investigación

  • La gran decisión (1940): A principios de 1940, el gobierno de Daladier presionó a los refugiados civiles para que eligieran: integrarse en la economía de guerra francesa (compañías de trabajadores) o la repatriación. Tras la caída de Cataluña, muchos, como la familia del autor, eligieron el regreso creyendo que la represión habría amainado, ignorando que volvían a la España de la posguerra más dura. El dinero de la República: El "dinero camuflado" en las flores de ganchillo era un tesoro inútil pero sentimental. El bando franquista había declarado nulos los billetes emitidos por el Banco de España tras el 18 de julio de 1936. Poseer ese dinero en España no solo era perder los ahorros, sino que podía ser usado como prueba de "desafecto al régimen" en los controles fronterizos. La frontera de Hendaya: Fue el principal embudo de retorno. Allí, la Gendarmería francesa entregaba los convoyes de repatriados a la Policía Armada y la Guardia Civil. El miedo a la revisión era real: se buscaba desde propaganda política hasta objetos de valor robados o divisas no autorizadas. El contraste de los trenes: El paso de un tren de pasajeros francés a un vagón de ganado español no era casual. Fue una herramienta de humillación utilizada por el nuevo régimen para recibir a los que volvían del "exilio rojo", marcando desde el primer kilómetro su nueva condición de ciudadanos de segunda o "vencidos".  Auxilio Social y Seguridad Social: Al llegar a Barcelona, los repatriados pasaban por los centros de Auxilio Social (institución inspirada en modelos de la Alemania nazi y la Italia fascista). Allí se les proporcionaba una primera comida y se les tramitaba el salvoconducto para regresar a sus pueblos, donde quedarían bajo vigilancia de las autoridades locales.
  • Más información sobre el exilio de ciudadanos de Sant Feliu de Llobregat puede verse en la tesis de Maribel Ollé, incluída aquí.


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