Capítulo 21: El invierno de 15 grados bajo cero

Resumen de las experiencias invernales en Ceilhès
Llegó el frío con temperaturas de 14 ó 15 grados bajo cero y ya el motor que subía el agua hasta el depósito, dejó de funcionar. El río en sus orillas era todo hielo y no había otra manera de transportar el agua más que en cubos o portadoras que era con dos palos largos de unos 2 metros de largo uno a cada lado de las asas de la portadora que era como una olla grande y la transportábamos entre dos a la cocina. Lo hacíamos tantas veces como se necesitaba. Íbamos con cazos o cubos escogiendo el agua más clara y limpia para beber y cocinar. En este trabajo había muy pocos voluntarios. Así que nosotros como buenos, únicos y obedientes éramos los más apreciados. Por mi parte no me disgustaba ningún trabajo.
Viviendo en la nueva nave del refugio con una claridad que animaba la estancia, entró gente nueva, entre ellos un asturiano de nuestra edad que sabía cantar muy bien, con una voz muy clara y potente. Quería demostrar que era superior a los demás. ¡Vaya chulería la suya!. Pero de todas formas, sabía cantar y nos cantó una sardana en castellano muy bonita. También por esos días, vino un grupo de artistas de teatro y montaron un pequeño escenario. Dispuestos a deleitarnos con sus ideas, e interpretar una pequeña obra en la que intervinimos algunos de nosotros, el asturiano, un compañero y yo.
Bailando una sardana

No sé de qué trataba la obra, sólo sé que el asturiano hacía el papel de malvado, un bandido perseguido por la justicia y la policía. Y en el momento que iba a hacer una fechoría, salimos en escena mi compañero y yo. Y cogiéndolo por un brazo él y yo por el otro lo detuvimos diciéndole: "¡Queda Usted detenido!". Y el exclamó: "¿Y eso por qué?", a lo que yo respondí: "¡Ya se lo dirán en la comisaría!". Y así terminó la obra. Yo aparecía con una gabardina que no sé de donde venía y el otro parecido, los dos con una boina o sombrero. La función parece que tuvo éxito. 


Notas de la investigación

  • El invierno de 1939-1940 fue uno de los más crudos del siglo XX en el sur de Francia. Temperaturas: En la zona del Hérault (donde está Ceilhes), las temperaturas bajaron con frecuencia de los -10°C.Ambiente: Al estar en una zona de media montaña (valles del Languedoc), la humedad del río Orb combinada con el viento hacía que el frío fuera penetrante. En la fábrica, sin calefacción moderna, los refugiados dependían de pequeñas estufas improvisadas o simplemente del calor corporal.
    Procedencia de los exiliados en Ceilhes Aunque llegaron refugiados de toda España, Ceilhes-et-Rocozels (en el departamento de Hérault) recibió flujos muy específicos debido a su conexión ferroviaria y su función de "alivio" para otros campos: Predominio de Cataluña y Aragón: Al ser el Hérault una de las paradas lógicas tras cruzar por la Junquera o Portbou, la inmensa mayoría de los internados provenían de las provincias de Barcelona, Girona y Huesca. Perfil de "Vulnerables": En la fase que mencionas (invierno 39-40), el campo se especializó en personas que no podían ser enviadas a unidades de combate o trabajo pesado: ancianos, mutilados de guerra (especialmente de la Batalla del Ebro) y civiles con familias. El Grupo de los "Intelectuales": Curiosamente, en centros de este tipo en el interior (como también pasó en Montolieu), se solía agrupar a personas con profesiones liberales o cualificadas que las autoridades francesas querían tener identificadas pero separadas de la agitación política de los grandes campos de playa.
    El teatro como supervivencia: El teatro era la distracción reina. No necesitaban grandes escenarios; bastaba el suelo de cemento de la fábrica de l'Orb. Las "Veladas": Se organizaban lo que llamaban "veladas culturales". Los asturianos tenían una tradición de ateneos obreros y grupos de teatro muy fuerte. Que llegaran a finales de 1939 tiene sentido: tras la caída del frente norte, muchos asturianos acabaron en campos del sur y fueron redistribuidos tarde hacia el interior. La ironía del disfraz: El hecho de que le pusieran una gabardina para hacer de gendarme era un guiño satírico común. En el teatro del exilio se solía parodiar a la autoridad francesa o a las figuras del régimen franquista como una forma de catarsis.


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