Capítulo 17: El incidente del tenedor y la vida en la fábrica

Llegados a nuestro destino y después de alojarnos, se nos presentaron un grupo de los veteranos y nos dijeron que teníamos que acatar lo que ellos dijeran y saltó uno de nuestro grupo y le dijo: ¡Eso te lo has creído tú!. Y quedó así la cosa. No se salieron con la suya. El jefe del grupo contrario era uno de aspecto brutote, con una cara de mala uva, con cuatro pelos mal puestos en la cara y que iba con un gorro de guardia de asalto de piel más viejo y sucio que él. Estos se hacían pasar por más jóvenes que nosotros, todo por librarse de que no los enviaran a otro campo que no fuera de mujeres y niños.

Guardia de Asalto durante la Guerra. Nótese la gorra, probablemente era similar a la descrita por Salvador. Tomado de aquí.

Este jefe aún mantenía el odio contra nosotros. Una vez uno de nuestro grupo, no sé si le contradijo o lo que fuera, estando comiendo le lanzó un tenedor que llevaba en la mano que le señaló la frente. Todo esto lo estaba presenciando la nueva jefa con más agallas que él, y le cogió por un brazo y arrastrándolo sin contemplaciones, lo llevó hasta la puerta y le dijo que no le quería ver por allí nunca más. Era un mal sujeto. El que vino en nuestro grupo y tuvo mucho valor se llamaba Miguel Oller, de Borges Blanques. Éste y otro llamado Ramón Aldomà eran mis mejores amigos y compañeros.
Foto de grupo: Salvador sentado a la derecha de la foto y el resto de chavales. Foto del archivo familiar.
Foto de grupo: Salvador a la derecha de la foto y ... Miquel Oller?. Foto del archivo familiar.
Foto de grupo: Salvador sentado abajo a la derecha de la foto, el resto de chavales, la "jefa" y el resto de trabajadoras e internas que quisieron posar. Foto del archivo familiar.
Nos llevaron a un comedor que habían montado en una parte del refugio, algo más bajo que el nivel de la nave; parecía el lugar donde los vehículos o carros descargaban. Allí nos sirvieron la comida en mesas de madera alargadas. No sé qué nos sirvieron de primer plato, pero sí me acuerdo de un pan con tomate la mar de sabroso.
Dormíamos en unas naves muy grandes, viejas y destartaladas. Cuando llovía, te tenías que tapar con lo que fuera para que no te cayeran encima las gotas de lluvia que se filtraban entre la uralita del tejado. Cuando había viento, el ruido era insoportable. A pesar de todo podíamos dormir mal que bien, pues era verano. Más tarde fue peor porque venía el invierno y ya hacía bastante frío; vinieron resfriados y lo peor que vino el tifus. Pasó por donde dormíamos nosotros casi tocándonos; nosotros tuvimos la suerte de que nos pasó de largo, pero la familia de al lado, la de mi amigo Miquel Oller, perdió a la madre y a la hermana. ¡Qué disgusto más grande!.

Notas de la investigación

  • El trato diferente que recibieron Salvador, su madre y las otras mujeres y niños, diferente del de su padre y hermano y el "interés" de algunos jóvenes por "parecer niños", no fue una excepción, sino la norma debido a la paranoia y la falta de previsión del gobierno francés de la época. Las razones por las cuales un hombre de 55 años, como el padre de Salvador, terminó en las arenas de Argelès-sur-Mer fueron:

    1. La distinción por género y "edad militar": Francia no estaba preparada para recibir a casi medio millón de personas en pocas semanas. Su estrategia de clasificación fue drástica y se basó en una premisa simple: mujeres, niños y ancianos "incapaces": eran enviados a centros de acogida e internamiento repartidos por todo el país (los llamados Centres d'hébergement), a menudo en antiguos cuarteles o colonias de vacaciones. Por eso, Salvador, con 15 años (legalmente un niño), pudo ir con las mujeres. Hombres en edad de combatir: Todo varón que pareciera físicamente apto, generalmente entre los 16 y los 60 años, era clasificado automáticamente como "combatiente" o "miliciano en retirada".

    2. El estigma del "Rojo" y la seguridad nacional: Para el gobierno francés (entonces presidido por Daladier), los hombres españoles no eran refugiados, sino "extranjeros indeseables". Incluso si el padre de Salvador no había disparado un fusil en toda la guerra, por el simple hecho de ser un hombre adulto cruzando la frontera desde la zona republicana, se le consideraba un peligro potencial: Temían que introdujeran la revolución en Francia. Se les consideraba una carga militar que debía ser desarmada y vigilada por tropas coloniales y gendarmes. Para la administración francesa, un hombre de 55 años de la época (que solían ser personas curtidas por el trabajo físico) era perfectamente capaz de empuñar un arma o causar disturbios.

    3. La saturación de los campos: Al principio, la intención era separar a los soldados de los civiles, pero el caos fue tal que los campos de las playas (Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès) se convirtieron en un cajón de sastre. Los hombres mayores, como el padre de Salvador, si no iban acompañados de niños pequeños a su cargo directo o no presentaban una invalidez física evidente en el momento de cruzar, los guardias lo dirigían directamente a la columna de los hombres.

  • Hemos buscado información sobre los nombres que cita Salvador, Miquel Oller, de Borges Blanques y Ramón Aldomà, suponiendo que eran chavales de la edad de Salvador, por tanto, no combatientes, y no hemos encontrado referencias, posiblemente no estén indexados aún en los listados de internados en los campos.
  • En relación a las detalladas descripciones de lugares por parte de Salvador, recordar lo que hemos dicho en el post anterior, esta referencia indica que los refugiados de la sección de Lodève: "fueron trasladados al campo de Ceilhes-et-Rocozels – llamado también campo de Roqueredonde –, creado expresamente a finales del mes de junio para aliviar los tres campos de mujeres y niños que existían entonces en el departamento del Hérault : Sète (Centro heliomarino), Clermont-l’Hérault (Enclos Roanne) y Lodève (Cárcel). Este campo, administrado por el alcalde, el señor Bénavenq, y situado a proximidad de la estación de Ceilhes, se presentaba como un « inmenso edificio de madera de 60 metros de largo por 50 metros de ancho que dependía de la Fábrica del Orb », una empresa abandonada de metalurgia y de siderurgia. Aparte de algunos ancianos y hombres inaptos, el campo acogía a los niños y a las mujeres cuyo marido o hijo residía en un campo de concentración, se había alistado en filas francesas, era empleado para tareas agrícolas o industriales, o había sido requisado en una Compañía de trabajadores extranjeros (CTE)."
  • En cuanto a las epidemias de tifus en los campos de internamiento, hay bastante información en Internet. Las epidemias de tifus, junto con la disentería y otras enfermedades infecciosas, asolaron los campos de internamiento franceses en 1939 y principios de 1940, afectando principalmente a los refugiados republicanos españoles tras la "Retirada" (el éxodo masivo al finalizar la Guerra Civil Española). Las condiciones inhumanas de estos campos propiciaron la rápida propagación de la enfermedad.
    • Hacinamiento y condiciones precarias: Campos como Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès y Gurs se establecieron apresuradamente y estaban extremadamente superpoblados. No había suficiente agua potable, las letrinas eran insuficientes y los refugiados vivían en tiendas de campaña o barracones de madera desbordados, a menudo sobre barro y con frío extremo.
    • El Tifus y el piojo: El tifus exantemático, transmitido por el piojo corporal en condiciones de suciedad y hacinamiento, causó una alta mortalidad, situándose en tasas comunes de la época entre el 10% y el 40% de los infectados.
    • Impacto en los exiliados: Muchos refugiados llegaron ya debilitados tras tres años de guerra. La falta de higiene, la escasez de alimentos y ropa seca favorecieron la infestación de piojos y la consiguiente epidemia.
  • Los campos más afectados por el tifus y otras epidemias fueron: Gurs: Construido en abril de 1939, uno de los más notorios. Aunque su punto crítico de muertes por tifus y disentería se intensificó entre 1940-1941, las terribles condiciones sanitarias se establecieron desde su apertura para los españoles. Campos de las Playas (Argelès-sur-Mer, Le Barcarès, Saint-Cyprien): En estos campos, los enfermos fallecían a menudo por la falta de atención médica adecuada y la desnutrición, siendo el tifus una de las causas principales de muerte junto a la sarna y la disentería.
  • En cuanto a la asistencia y respuesta frente a estas crisis sanitarias, se dió principalmente a través de: Médicos del exilio: A pesar de la situación, los propios médicos y personal sanitario español que cruzaron la frontera organizaron espontáneamente una asistencia sanitaria difícil y precaria dentro de los campos.Vacunación: Inicialmente se realizaron esfuerzos de vacunación contra el tifus, la difteria y la viruela con la ayuda de la Cruz Roja y organizaciones francesas, aunque el hacinamiento dificultaba el control efectivo.
  • La deshumanización sufrida en estos campos provocó una alta mortalidad, convirtiendo la gestión de los refugiados en una crisis humanitaria sanitaria grave en el sur de Francia durante el año 1939.

Capítulo anterior: El traslado al campo de Ceilhès 
Próximo capítulo: Anillos de hueso y el tifus

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