HILOS DE LA MEMORIA: Dos hermanos crean un espacio para que el silencio no borre su historia familiar, marcada por la Guerra Civil y el exilio. Su propósito es iluminar la memoria y tejerla junto a quienes también la buscan.
Siempre admiraba a quien hacía algo que me gustaba. Mi compañero Ramón Aldomà, el de Cervera, tenía una gracia para dibujar y una imaginación para hacer dibujos de paisajes y aviones. Como a mí siempre me gustó el dibujo, se los copiaba, haciéndolos aún mejor. Una de las veces, uno de los gendarmes que vio mis dibujos se interesó por mí y siempre los apreció, por lo que me miraba con buenos ojos. Yo no dejaba de admirar a Ramón Aldomà, y él también me admiraba a mí porque cuando salíamos por la tarde a pasear por la carretera, me daba por cantar canciones españolas como Mi Jaca y Rocío. Con las castañuelas haciéndolas sonar, él se entusiasmaba y hacía pasos de pasodoble de un lado a otro de la carretera. ¡Parecía que la carretera fuera nuestra!.
Imaginémonos cómo iban bailando un pasodoble por en medio de la carretera
Lo pasábamos muy bien. Otros preferían bañarse en el río que pasaba con el agua helada que llevaba. Había una parte del río que se formaba como una cascada y si alguno se ponía debajo, nada más sentir el contacto salían corriendo tiritando, a secarse y tomar el sol. Otros preferían pasar al otro lado del río a extenderse por la hierba que había, como un francés que iba por allí con unas mujeres muy bien vestidas. Allí, jugando embelesado el francés, parecía que se le caía la baba y también se le caían algunas monedas. Al otro día, por casualidad cruzábamos el río y alguna encontrábamos.
CASTELLANO Hay historias que no se eligen, sino que se heredan. Este blog nace de un compromiso familiar y de una necesidad de justicia histórica. Durante décadas, el exilio y la pérdida fueron silencios compartidos en muchas casas de Sant Feliu de Llobregat y de toda España. Hoy, nosotros decidimos romper ese silencio. Hilos de Memoria es un espacio dedicado a la recuperación de nuestra identidad colectiva a través de tres ejes: El testimonio de Salvador: Publicaremos por entregas el diario inédito de mi padre, Salvador, quien a sus 88 años, en 2011, relató su odisea desde la fábrica de Sant Feliu hasta los campos de refugiados en Francia. La búsqueda de los desaparecidos: Compartiremos los avances en la investigación sobre mi tío, cuyo rastro se perdió en el frente, ofreciendo recursos para otras familias en situaciones similares. Tecnología y Recuerdo: Exploraremos cómo las humanidades digitales y el desarrollo de nuevas herramientas pueden ayudarnos a ...
Voy a intentar resumir un poco la historia de Pedro (Perico) Bergoñón Valera, y lo que sabíamos por nuestro padre, que falleció en 2020. No era mucho, aparte de las fotos que conservaba mi padre, una viejas fotos , algunas un poco deterioradas, en blanco y negro o sepia, que mostraban a un niño, luego a un joven delgado pero fuerte, con las constitución propia de la mala alimentación de la época entre la clase trabajadora (una estatura menor de la promedio hoy en día, piernas más bien delgadas, poco corpulento), vestido de futbolista, en solitario, o con el resto del equipo de fútbol , presumiblemente del Santfeliuenc, para luego mostrar otras fotos, con el joven, un poco más mayor pero no mucho, vestido en uniforme de miliciano , posando en una calle del Sant Feliu de Llobregat de aquellos años 30. Perico, a la izquierda de la foto. Probablemente datada en 1922 ó 1923 (como veremos más adelante). Perico, también a la izquierda de la foto, probablemente de los primeros años 30. Pe...
Si echamos la vista atrás y consultamos las páginas del padrón municipal de 1936, hay una fecha que nos detiene en seco: el 1 de noviembre de 1918. Es el día en que nació nuestro tío Pedro. Eso significa que, al llegar el crucial julio de 1936, era un chaval de apenas 17 años; estaba a solo tres meses de cumplir los 18. En la España de la Segunda República, aquella era una edad de fronteras difusas: aunque ya se trabajaba y se militaba con absoluto fervor, la mayoría de edad legal no se alcanzaba hasta los 21 años. Por lo tanto, sobre el papel, Pedro seguía siendo un menor de edad bajo la tutela de sus padres. Para nosotros, el padrón es una ventana excepcional al pasado, una radiografía íntima que nos permite asomarnos a su cotidianidad. En esas hojas desgastadas no solo leemos el domicilio familiar, sino también los nombres de nuestros abuelos y tíos con los que Pedro compartía el hogar, detallando sus fechas de nacimiento, sus pueblos de origen y, lo que más nos fascina, de qué trab...
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