Camiones robados y reemplazos desviados: La agónica reconstrucción de la 27.ª División (Marzo - Abril de 1938)

Introducción: La guerra que no se ve en los partes oficiales

Cuando leemos las grandes cronologías de la Guerra Civil, el periodo comprendido entre marzo y abril de 1938 se resume a menudo en una sola frase: las Retiradas de Aragón. Sin embargo, la documentación interna de la 27.ª División conservada en el CRAI de la Universitat de Barcelona revela una intrahistoria mucho más compleja, humana y dramática.

Mientras las vanguardias de Franco avanzaban hacia el Mediterráneo, en la retaguardia republicana se libraba otra batalla silenciosa: la de una división exhausta que intentaba reconstruirse a la desesperada mientras sufría el desvío de sus refuerzos y la requisa arbitraria de sus propios medios de transporte.

1. La denuncia del Comisariado: «Nos han robado los camiones»

A través de las apasionadas cartas enviadas por Manuel Trueba Mirones (Comisario de la División) a Joan Comorera (Secretario General del PSUC), asistimos al malestar acumulado en el mando por la desigualdad en el reparto de recursos:

«Desgraciadamente la División 27 no está sobrada de protectores... Nos han ROBADO diez camiones que eran nuestros, por haberlos pagado con creces. Y por si esto fuera poco, el depósito de camiones y coches que teníamos en Lérida, también nos lo roban y lo envían a la Macià-Companys».

Trueba no ocultaba su indignación al comparar la situación de su unidad con la de otras formaciones de la retaguardia catalana: mientras la División Macià-Companys disponía de más de 100 camiones, a la 27.ª División apenas le quedaban 45 vehículos operativos para atender a toda su plantilla. Incluso la Brigada Garibaldi llegó a hacerse con pertrechos y materiales asignados originalmente a la unidad.

En esta foto de grupo aparecen, de izquierda a derecha, Marina Ginestà, Manuel Trueba, desconocido, Durruti y Kholtsov

2. Reemplazos que nunca llegan y tensiones en el frente

La escasez no era solo de motorizados y piezas de recambio; la falta de hombres amenazaba con paralizar la operatividad del conjunto. A pesar de los constantes requerimientos para cubrir las miles de bajas sufridas en el invierno de Teruel, los contingentes prometidos eran desviados sistemáticamente hacia otras unidades. En sus escritos a la dirección política, Trueba señalaba con frustración el incumplimiento de los compromisos de tropa:

«Nos faltan miles de hombres para cumplir la plantilla [...] Se nos pidió 10.000 hombres y a la División no ha venido ninguno... Así es que esperamos nos enviéis hoy mismo la gente del Vorochilov y tan pronto como os sea posible el resto hasta 1.500».

A esta precariedad logística se sumaba la presión directa del enemigo en las posiciones aragonesas. En las notas de operaciones del sector de Tardienta, Alcubierre y Leciñena, los mandos registraban cómo la aviación y la artillería franquista ensayaban maniobras de ataque previas:

«Ayer, por ejemplo, han hecho prácticas con proyectiles fumígenos, consiguiendo establecer cerca de nuestras líneas una cortina de humo de varios kilómetros con la suficiente densidad para no observar nada detrás de ella... Para evitar el peligro hemos comenzado hoy a reforzar en profundidad la posición de resistencia, construyendo nuevos puntos de apoyo a base de cemento armado».

3. Mantener la cohesión sobre las ruinas

Pese a sentirse olvidados por la burocracia central y ver cómo se reducían sus fuerzas de cobertura, los mandos y los combatientes de la 27.ª División se negaron a caer en el desánimo. La consigna interna era clara: apelar al orgullo de la tropa veterana y sostener el frente con los propios medios disponibles:

«Dicho esto no quiero que creáis que esta sea realmente una situación desesperada, ni mucho menos que esté descorazonado. Todo lo contrario. Ha habido situaciones mucho peores... Para no quedar sin reservas hemos conseguido armar un Batallón completo con las armas de los que no han vuelto del permiso».

Ante la falta de auxilio exterior, la unidad optó por la disciplina interna y la autoorganización: apretar filas, reutilizar el material existente y confiar el mando de las pequeñas unidades a los veteranos de confianza.

Fue precisamente en este escenario de carestía extrema, de carreteras colapsadas y de carreras a contrarreloj para mantener las comunicaciones, donde la labor de la sección de enlaces y motorizados se convirtió en la verdadera espina dorsal que impidió la desintegración de la brigada durante el repliegue.

Para saber más (Fuentes consultadas)

  • TRUEBA MIRONES, Manuel (1938). Cartas y notas de informe del Comisariado de la 27ª División a Joan Comorera (PSUC) (Marzo-Abril de 1938). Fondo Personal José del Barrio, CRAI Biblioteca del Pavelló de la República - UB.

  • JEFATURA DE LA 27ª DIVISIÓN (1938). Informes sobre la reorganización del sector, líneas de defensa con cemento armado y situación de transportes (Marzo-Abril de 1938). Fondo Personal José del Barrio, CRAI-UB.


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