Mayo de 1937: El fin de la ilusión y el nacimiento de la 27ª División

Introducción: La bruma antes de la certeza

Hasta ahora, en este blog hemos avanzado siguiendo el rastro de la memoria familiar y de las hipótesis: los primeros días de la guerra, la Centuria Peñalver, los combates en Tardienta y Letux... Sin embargo, la primavera de 1937 marca un punto de inflexión absoluto. A partir de las próximas semanas, la historia de mi tío Pere (Perico) deja de ser un rastro difuso. Gracias a los pases de revista mensuales que hemos recuperado de los archivos, su destino se funde de forma inequívoca con el de la 123ª Brigada Mixta de la 27ª División.

Pero antes de meternos de lleno en su ruta pueblo a pueblo por Aragón, es obligatorio detenerse. Hay que explicar el escenario de un mes fatídico que lo cambió todo: mayo de 1937. El mes en que la guerra dentro de la propia guerra estalló en las calles de Barcelona.


El Cuartel de la Carlos Marx en Barcelona, centro neurálgico de la unidad antes de su transformación definitiva en la 27ª División del Ejército Popular. Fotos tomadas de aquí. 

1. De milicianos a soldados: La incómoda militarización

Para entender dónde estaba Perico, hay que entender qué estaba pasando con su unidad. El verano romántico de 1936, donde las milicias de los partidos y sindicatos combatían con más voluntarismo que disciplina, había llegado a su fin. La República necesitaba un ejército clásico si quería ganar la guerra.

La Columna Carlos Marx (de obediencia comunista, controlada por el PSUC y la UGT) inició en la primavera del 37 su proceso de transformación para convertirse en una unidad regular: la 27ª División. Para muchos milicianos de primera hora, este cambio fue un trago amargo: llegaban los saludos militares, la jerarquía estricta, los comisarios políticos y el fin de la libertad asamblearia. La disciplina del frente se endurecía a marchas forzadas.

2. Los Fets de Maig: La retaguardia estalla

Mientras los soldados sufrían las penurias del frente de Aragón, la tensión política en Cataluña se volvió insostenible. Los anarquistas de la CNT-FAI y los marxistas antiestalinistas del POUM defendían que la revolución social y la guerra debían ir de la mano. Frente a ellos, el Govern de la Generalitat y el PSUC priorizaban el orden y la victoria militar centralizada.

El 3 de mayo de 1937, el choque saltó por los aires en Barcelona. Barricadas, tiroteos callejeros y una guerra civil fratricida dentro del propio bando republicano que duró casi una semana.

¿Cuál fue el papel de la Carlos Marx en este drama? Doble y terrible:

  • En Barcelona (El frente de retaguardia): Elementos de la división que se encontraban en la capital o en periodo de instrucción se convirtieron en el brazo armado del partido para tomar puntos estratégicos y desarmar a los anarquistas. Las dependencias del propio Cuartel Carlos Marx (en la Ciutadella) se transformaron de facto en un centro de detención ilegal. Como documenta de forma implacable el historiador Agustín Guillamón, en sus sótanos se vivieron episodios oscuros de torturas y ejecuciones ideológicas, como la de los doce libertarios cuyos cuerpos aparecieron tiroteados en la carretera de Cerdanyola.

  • En el Frente de Aragón (El muro de contención): Los batallones que ya estaban desplegados en las trincheras recibieron órdenes tajantes: alerta máxima. Debían actuar como un "tapón" militar para impedir que las divisiones anarquistas (como la antigua Columna Durruti) abandonaran el frente para bajar a defender Barcelona. Los soldados apuntaban con sus fusiles a sus propios compañeros de bando.


Imágenes de archivo de las jornadas de mayo del 37. La primera refleja la llegada de 400 combatientes de la "Carlos Marx" a Barcelona en las jornadas previas al 1 de Mayo de 1937, la segunda forma parte de los momentos en que la población barcelonesa se aprestaba a montar barricadas frente a los estalinistas. Fotos tomadas de aquí. 


Corto documental que explica los Fets de Maig con el contexto previo y lo que ocurrió aquellos días.

3. La ventana a la duda: El silencio de Perico

Llegados a este punto, la honestidad con la que investigamos la memoria de Perico nos obliga a hacernos preguntas incómodas. En mayo de 1937, ¿dónde estaba él?

Si todavía formaba parte de las milicias de simpatía libertaria como la Centuria Peñalver, debió de ver con horror cómo su mundo se desmoronaba ante la hegemonía comunista. Si por el contrario ya había sido integrado en la Carlos Marx, se vio atrapado en esa maquinaria disciplinaria. La guerra embrutece y la obediencia bajo el código militar de la época era de obligado cumplimiento si no se quería acabar ante un pelotón de fusilamiento.

No sabemos si vivió la tensión de las trincheras de Aragón haciendo de tapón o si vio algo de la retaguardia. Lo único que sabemos es lo que la memoria familiar nos legó: mi padre recordaba que en uno de sus pocos permisos en Sant Feliu de Llobregat, Perico regresó profundamente triste, silencioso y deprimido. No era solo el miedo a la muerte; era el trauma moral de haber visto los rostros más oscuros y fratricidas de su propia guerra.

Epílogo: El camino de la certeza

La tormenta de mayo pasó, el POUM fue ilegalizado y el control comunista se consolidó. Para nosotros, como investigadores, la bruma también se disipa aquí.

A partir del próximo post, el diario de operaciones de Perico se vuelve nítido. Dejamos atrás las dudas de mayo. En junio de 1937, el primer pase de revista oficial nos da una ubicación física incuestionable: Senés de Alcubierre. Comienza la ruta cronológica de Perico por el mapa de Aragón, un camino de trinchera y barro que, un año más tarde, en la primavera de 1938, le llevaría a alcanzar el rango de sargento de motorizados..

Para saber más (Bibliografía recomendada para este post)


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